El punto de partida: la sistemática ABCDE
En 2019 comenzamos un proyecto, SCPC, con un objetivo muy concreto: ayudar a los profesionales de urgencias y emergencias a estructurar la valoración inicial del paciente crítico mediante la sistemática ABCDE.
Como ocurre con muchos proyectos, el punto de partida era aparentemente sencillo. Observábamos que numerosos profesionales, especialmente en etapas iniciales de su desarrollo profesional, encontraban dificultades para organizar la asistencia en situaciones complejas. La valoración ABCDE ofrecía una herramienta clara para priorizar problemas, ordenar la actuación clínica y reducir la incertidumbre en los primeros momentos de atención al paciente crítico.
Durante los primeros años, gran parte del esfuerzo estuvo orientado a entrenar esta sistemática y a reforzar habilidades técnicas relacionadas con la atención urgente. Sin embargo, a medida que acumulábamos ediciones y observábamos el comportamiento de los participantes en escenarios cada vez más complejos, comenzó a surgir una pregunta que cambiaría por completo la dirección del proyecto.
Cuando el conocimiento técnico no bastaba
¿Por qué profesionales técnicamente competentes obtenían resultados tan diferentes cuando debían trabajar en equipo bajo presión?
A lo largo de más de cincuenta ediciones y con la participación de más de seiscientos profesionales, empezamos a detectar patrones que aparecían de forma recurrente. Las dificultades observadas no parecían explicarse únicamente por el nivel de conocimientos o por la capacidad para ejecutar procedimientos. Con frecuencia, los desafíos surgían durante los procesos de comunicación, coordinación, liderazgo, gestión de la información, anticipación y toma de decisiones compartidas.
Esta observación nos obligó a ampliar el foco.
Lo que inicialmente había nacido como una propuesta centrada en la valoración clínica comenzó a convertirse en una búsqueda para comprender qué factores condicionaban realmente el rendimiento colectivo en situaciones críticas.
Poco a poco fuimos observando que muchos de los problemas detectados no podían analizarse de forma aislada. La valoración clínica, la comunicación, la coordinación del equipo y la toma de decisiones formaban parte de un mismo fenómeno. El rendimiento parecía depender no solo de lo que cada profesional sabía hacer individualmente, sino también de la capacidad del equipo para construir una comprensión compartida de la situación y actuar de manera coordinada.
En este proceso incorporamos nuevas herramientas y marcos de análisis. La integración del modelo BRIDGE permitió explorar cómo las diferencias individuales influían en la comunicación y en las dinámicas de equipo. Posteriormente, la creación de un centro propio de entrenamiento facilitó el desarrollo de escenarios de mayor complejidad y fidelidad, generando nuevas oportunidades para observar cómo interactuaban los profesionales cuando las condiciones se acercaban a la realidad asistencial.
Con el paso del tiempo comenzó a emerger una idea cada vez más clara. Muchos de los elementos que aparecían asociados al rendimiento colectivo podían organizarse dentro de una estructura común que ayudara a los equipos a compartir información, construir una visión conjunta de la situación y coordinar mejor sus acciones.

El nacimiento del Algoritmo de Servicio
De esta reflexión nació el Algoritmo de Servicio.
El Algoritmo de Servicio representa la síntesis práctica de años de observación, análisis y entrenamiento. Sus ocho puntos integran aspectos relacionados con la valoración clínica, la comunicación, el trabajo en equipo, el liderazgo, la gestión de la información y la toma de decisiones. Más que una secuencia rígida de actuaciones, constituye una estructura destinada a facilitar que los equipos desarrollen un marco operativo común durante la atención al paciente crítico.
La aparición del Algoritmo de Servicio también supuso un cambio importante en nuestra forma de entender el entrenamiento. SCPC dejó de centrarse exclusivamente en el aprendizaje individual para orientarse progresivamente hacia el rendimiento colectivo. El foco ya no estaba únicamente en qué sabía hacer cada profesional, sino en cómo las personas interactuaban, compartían información y construían respuestas coordinadas ante situaciones complejas.
Hacia el rendimiento de sistemas completos de emergencias
Actualmente, el proyecto continúa evolucionando.
La pregunta que guía nuestro trabajo ya no es únicamente cómo entrenar mejor a un profesional o a un equipo. La cuestión que exploramos es si resulta posible entrenar también el rendimiento de sistemas completos de emergencias. Es decir, comprender cómo interactúan personas, equipos, procedimientos, estructuras organizativas y entornos operativos para generar respuestas seguras y eficaces ante situaciones críticas.
No tenemos todas las respuestas. De hecho, gran parte del camino consiste precisamente en seguir observando, analizando y aprendiendo de quienes participan en nuestros entrenamientos.
Lo que sí sabemos es que un proyecto que comenzó enseñando una sistemática de valoración acabó abriendo una reflexión mucho más amplia sobre cómo trabajan las personas cuando la complejidad aumenta.
Y esa reflexión continúa siendo, a día de hoy, el verdadero motor de nuestra evolución.



